Carta a la Iglesia
Querida iglesia:
Les escribo con el corazón puesto en Getsemaní, ese rincón del Edén recuperado donde nuestro Señor Jesús fue «prensado» como una aceituna para darnos el aceite de la vida. A veces leemos los Evangelios rápido, pero hoy detengámonos a contemplar la humanidad de Cristo en su hora más oscura.
Aquí les comparto cuatro pilares para profundizar en este misterio:
El horror de la justicia divina: Jesús no temía a los clavos ni a la lanza; temía la «copa». En la Biblia, la copa representa el juicio: “Porque el cáliz está en la mano de Jehová… y todos los impíos de la tierra lo beberán” (Salmo 75:8). Jesús, el único inocente, se enfrentó a la idea de ser tratado como el peor de los pecadores bajo la ira santa del Padre.
Una agonía que casi le cuesta la vida: Marcos nos dice que comenzó a entristecerse y angustiarse profundamente (Marcos 14:33). Fue tal el choque emocional que Dios tuvo que enviar refuerzos: “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22:43). No fue para quitarle el dolor, sino para sostener su cuerpo y que no muriera allí mismo, antes de llegar a la Cruz.
La soledad del Siervo: Jesús buscó la compañía de sus amigos más cercanos, pero ellos se durmieron. Getsemaní nos enseña que el camino de la obediencia a veces es solitario, pero que en esa soledad, el Padre nos sostiene. “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41), nos advierte el Señor, recordándonos que la oración es nuestra única defensa en la angustia.
La entrega voluntaria: A pesar de que su alma estaba «muy triste, hasta la muerte», Jesús no huyó. Su oración, “Abba, Padre… no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras” (Marcos 14:36), es el acto de amor más grande de la historia. Prefirió sufrir el infierno por nosotros que gozar del cielo sin nosotros.
Hermanos, que esta semana meditemos en el costo infinito de nuestra paz. Jesús fue triturado en la prensa de Getsemaní para que hoy nosotros caminemos en libertad.
¡Que el Señor les dé un entendimiento profundo de Su amor!
Daniel Bustamante, pastor de la IBC – iglesia para todos-

