Querida familia de la iglesia
Les escribo deseando que la paz de nuestro Señor esté con cada uno de ustedes. En estos tiempos donde nuestra sociedad debate temas tan sensibles como la eutanasia, es vital que nos detengamos a reflexionar juntos bajo la luz de la Palabra.
Como cristianos, nuestra brújula no es solo lo que las leyes humanas permiten, sino lo que Dios nos revela en Su amor.
La historia nos ha enseñado que la legalidad no siempre es sinónimo de moralidad ante los ojos del Creador. Recordemos que la esclavitud era legal en tiempos bíblicos, que el apartheid fue ley durante décadas y que, en lugares como la India, existieron leyes (como el sati) que dictaban que la viuda debía morir al fallecer su esposo.
Hoy nos enfrentamos a dilemas bioéticos globales, como el aborto, donde se vulnera la vida desde su inicio. Debemos discernir con cautela, pues tras estos argumentos de «libertad» a menudo se esconden intereses de control poblacional que ven al ser humano como una cifra o una carga, y no como un regalo de Dios.
Como nos enseñó el apóstol Pablo: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23).
Nuestra libertad cobra su verdadero sentido cuando la usamos para honrar la vida.
Entendemos profundamente el dolor y el sufrimiento que enfrentan muchas familias; por eso, nuestra postura no es de juicio, sino de compasión activa. Creemos firmemente que la vida es sagrada y que solo Dios tiene autoridad sobre nuestro inicio y nuestro final.
Mientras el mundo busca soluciones en la muerte por conveniencia social o económica, nosotros estamos llamados a ser un refugio de esperanza, acompañando y amando incondicionalmente a quien sufre.
Respetamos nuestras leyes civiles, pero nuestra fe nos mueve a elegir siempre lo que glorifica al Creador. Cada persona tiene un valor infinito por haber sido creada a imagen de Dios, sin importar su edad, salud o etapa de desarrollo.
Hermanos, los animo a pensar con libertad, pero con un discernimiento basado en el amor de Cristo. Sigamos defendiendo la vida y brindando consuelo, confiando en que nuestro Padre Celestial es el único soberano de nuestros días.
Con mucho afecto en Cristo,
Daniel Bustamante
Pastor de la IBC – Iglesia para todos

